Siete 'románticas' parejas del reino animal

09 de mayo del 2017

El romance no está muerto, y prueba de ello hay de sobra en el reino animal.

Y si de alguien podríamos aprender un par de cosas sobre cortejo y romance, es de los animales.

La grulla australiana: mantener la llama viva

Esta ave, como todas las demás grullas, es una especie monógama. Una vez que forman pareja, las grullas australianas se aparean una vez cada año. Y aunque ya sean pareja, el apareamiento solo sucede después del ritual de cortejo, que se repite año tras otro: una compleja danza en donde bailan un ave, las dos, o toda la colonia.

 

Osos polares: el juego de la seducción

El cortejo entre osos polares es intenso y aventurero, y puede confundirse fácilmente con un juego de persecución. Tras olfatear el rastro de una hembra fértil, el oso macho sigue sus huellas hasta dar con ella, para luego corretear y jugar en la nieve antes de retirarse a un sitio solitario, en donde se aparearán. En ocasiones, es la hembra quien seduce al macho, como verás en el vídeo a continuación.

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Flamingos: el amor es complicado

¿Te imaginas aprender un baile con más de cien posibles pasos, para poder encontrar pareja? Así es la vida de los flamingos, quienes de entre una multitud rosa, distinguen a su potencial compañero de vida —también son aves monógamas—. Para atraerlo, realizan un complejo ‘baile’ con 136 movimientos posibles. Entre más pasos conozca el flamingo, mayor chance tendrá de ser exitoso en el cortejo.

 

 

Pergolero satinado: enamorar con ilusiones

Para los pergoleros, el color de la boda se decide mucho antes del cortejo, y siempre es el mismo: azul. Los machos pergoleros buscan por doquier elementos azules con los que decorarán su nido para atraer a la hembra. La manera en que construyen su nido está pensada especialmente para que el macho se vea más grande, pues acomoda los objetos más grandes afuera, y los más pequeños dentro.

 

 

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Ave del paraíso: el lenguaje del romance

Si los humanos fuéramos como las aves, quien no sabe bailar llevaría las de perder. Para las aves del paraíso, entre más dramatismo y técnica haya en los movimientos, mejor. Estos pájaros de las islas del Pacífico exhiben su hermoso plumaje en posturas abiertas y saltos rítmicos.

 

 

Lobos: para toda la vida

De una manera muy similar a los humanos, los lobos forman núcleos familiares para cuidar a sus pequeños —y no solamente en manadas, como se pensaba anteriormente—. O sea, una pareja de lobos permanece junta para siempre, y cuida a sus pequeños hasta que son lo suficientemente grandes como para cuidarse solos y formar su propia familia.

 

 

Topillos de la pradera: un 'amor' en serio

Un topillo de pradera tiene una sola pareja durante toda su vida. Los mimos y caricias son muy comunes, especialmente en los días de lluvia.  Una vez que se aparean, los topillos forman un hogar junto a sus crías y donde no hay cabida para nadie más: en caso de que una topillo hembra quiera arruinar el feliz hogar, el topillo macho la espantará enérgicamente.

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