Salvando familias y modos de vida al proteger a los animales de los desastres

24/05/2017

Protección Animal Mundial hace llamado a gobiernos para que incluyan la protección animal en las políticas de reducción del riesgo en la Plataforma Global de UNISDR del 2017

“Si salvar vidas humanas debe ser la primera prioridad durante un desastre, proteger los modos de vida y la seguridad alimentaria de quienes dependen de sus animales debe venir en inmediato orden de importancia,”, dijo Gerardo Huertas, director del programa de Animales en Desastres

Una quinta parte de la humanidad depende directamente de los animales para subsistir. 800 millones de ganaderos viven justo por encima de la línea de pobreza, con ingresos de USD $2 o menos al día. Muchos de los países con mayor concentración de ganaderos también son las más propensas a sufrir de desastres.

Sin embargo, los esfuerzos globales para proteger los medios de subsistencia y los bienes de las familias más vulnerables, al incluir a los animales en las políticas de reducción del riesgo en desastres, han sido insuficientes hasta hoy. Así lo afirma Protección Animal Mundial, en un evento paralelo durante la Plataforma Global de UNISDR del 2017.

Los desastres de gran impacto golpean fuerte las economías locales, provocando pérdidas que alcanzan los miles de millones de dólares. Entre el 2003 y el 2013, grandes inundaciones, sequías, tormentas y sismos disminuyeron la producción agrícola y ganadera en un 2% en Asia, 3% en Latinoamérica y el Caribe, 6% en África y 7% en el Medio Oriente.

Esto se tradujo en pérdidas de entre $7 mil y$48 mil millones, de acuerdo con cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Junto con el Centro Nacional para la Prevención de Desastres de México, dimos a conocer cómo incluir la protección de modos de subsistencia, principalmente de animales de granja, en las políticas nacionales, reduce el riesgo y mejora la resiliencia al cambio climático para las comunidades más vulnerables.

Hoy, la mayoría de los países ni siquiera saben cuántos animales son afectados por desastres, ya que no están midiendo el impacto social y económico de estos eventos sobre los animales. Esta sería una medida clave para medir el progreso de cada país de acuerdo a los indicadores establecidos por el Marco de Sendai

“Si salvar vidas humanas debe ser la primera prioridad durante un desastre, proteger los modos de vida y la seguridad alimentaria de quienes dependen de sus animales debe venir en inmediato orden de importancia, especialmente cuando tienen tan poco para subsistir”, dijo Gerardo Huertas, director del programa de Animales en Desastres de Protección Animal Mundial.

“México ha mostrado su compromiso para mejorar la resiliencia a nivel local y proteger los modos de subsistencia de cara a los desastres, considerando las necesidades de las personas y los animales en sus políticas nacionales de reducción del riesgo.

“India y México han trabajado con éxito con pequeñas comunidades agrícolas para mejorar su capacidad de resiliencia, integrándolos al mismo tiempo en sus políticas de reducción del riesgo. El retorno de la inversión para cada caso demuestra el gran impacto que tiene la protección animal en las economías cuando ocurre un desastre”, añadió Huertas.

Protección Animal Mundial estima que por cada dólar invertido en la atención de la sequía de Chihuahua, México, se evitó la pérdida de $14, en el período de un año. En el caso de las inundaciones en India, cada dólar invertido protegió otros $96.

De acuerdo con la FAO, el 36% del daño y las pérdidas causadas por los desastres afecta directamente al sector pecuario.

“Es imperativo que los gobiernos incluyan la protección de los animales y los bienes productivos entre sus prioridades para integrar la reducción del riesgo en las políticas públicas. Los ministerios de agricultura deben liderar esta inclusión, con el apoyo activo de la academia, profesionales de veterinaria y asociaciones locales de agricultores para desarrollar estrategias nacionales y locales de reducción del riesgo.

“Así, se protegerán los modos de subsistencia de las familias más vulnerables, cuya seguridad alimentaria y pequeñas fuentes de ingreso están a la merced del próximo gran desastre”, concluyó Huertas.